Ed. Erein  
  UNA TUMBA SIN NOMBRE  
  Javier Sagastiberri  
  Javier Sagastiberri (Donosti, 1959) se ha convertido en un muy estimable representante de la pujante nueva novela negra vasca. Su obra es a la vez la de un novelista noir y la de un experimentador simbólico, pues se caracteriza por la unión compositiva de elementos insólitos contrapuestos (las noticias del periódico, la filosofía, la sociología, el humor, la historia, la actualidad, el noir, etc). Entre esos elementos narrativos hechos suyos de admirable modo destacan el humor radical, el gusto por la inventiva los pasotes sarcásticos y los finales salvajes a lo Alex de la Iglesia, el realismo cruento, los paralelismos simbólicos y un descarnado hard-boiled atemperado por ese ya citado humor inventivo y dinamitero a lo Eduardo Mendoza que le caracteriza. Ha publicado tres novelas de serie mimadas por la crítica y protagonizadas todas por una singular pareja femenina (pareja profesional, decimos) de ertzainas (Itziar Elcoro y Arantza Renteria) en la editorial Erein… Y ahora cierra el ciclo con la recién llegada al mercado de UNA TUMBA SIN NOMBRE, novela que ha leído Luis Artigue, y sobre la cual ha conversado con el autor para el suplemento cultural dominical de eltaquigrafo.com

Acabas de publica UNA TUMBA SIN NOMBRE, tu cuarta novela policial con las mismas protagonistas: ¿esto es una novela o la cuarta entrega de un mosaico narrativo?
Primeramente, tengo que decir que sí es una novela, porque a estas alturas de la tradición estarás conmigo en que novela es todo aquel texto bautizado de tal por el autor (ni siquiera es necesario que los receptores estén de acuerdo): sólo hay que mirar alrededor y leer los textos así denominados en los últimos años.
Pero también tienes razón en considerar el texto como parte de un mosaico narrativo compuesto por mis cuatro novelas (prometo que no habrá más con estas protagonistas, y espero que mi promesa tenga más rigor que las de nuestros políticos). Es más, tengo que decir que mi propósito no era elaborar un mosaico sino escribir una serie de novelas policíacas independientes. Durante su escritura un personaje, Arantza Rentería, me ha ido creciendo y me ha obligado a cerrar la saga con una especie de precuela-secuela narrativa que liga en un solo plano de diferentes teselas a todo el proyecto. No era mi intención, pero observo que ese ha sido el resultado.

¿Esto es una novela sociológica sobre los años duros de opresión tardofranquista en Guipúzcoa, sobre los que cayeron del lado de la violencia terrorista por culpa de aquellos años de plomo, sobre los que no sucumbieron, sobre los que se aferraron a la ley con gran ansiedad, y sobre la fina línea que los separa?
Así es. El Goierri es para mí un símbolo, por sus características y su localización, de lo que significó la ocupación franquista de las denominadas “provincias traidoras”, y las consecuencias de dicha ocupación en los primeros años de democracia. Creo que la persistencia de la lucha armada de carácter terrorista se basó en parte en un espejismo difícil de erradicar en determinadas regiones. Las prácticas opresoras y salvajes de gran parte de las fuerzas policiales y de los funcionarios adscritos al régimen contra parte de la población euskaldún ayudó a extender, entre los teóricos del nacionalismo revolucionario de los años 60, la tesis de que Euskadi era una colonia ocupada por un Régimen venido de fuera. Esta visión un tanto simplista de lo que significó el franquismo originó una desconfianza hacia las reformas de cuño democrático, que parecían a parte de la población un mero maquillaje (a ello ayudó que no se diera la denominada “ruptura democrática”, lo que llevó a la impunidad de todos los crímenes del franquismo). Por ello, en estos años a muchos jóvenes les resultó difícil abandonar el espejismo relacionado con las fuerzas de ocupación, y ello legitimó internamente, entre parte de estos jóvenes, la persistencia de la lucha etarra como parte de una guerra justa, con las terribles consecuencias que ello acarreó.

¿Esto es una novela psicológica sobre el trasfondo humano, la identidad y el vínculo que, más allá de lo profesional, une a tus dos personajes femeninos, o sólo una novela psicológica que redondea el personaje de la salvaje Arantza y aclara por qué habla euskera antiguo, por qué odia a la izquierda abertzale, por qué esa extraña relación con el sexo, por qué se hizo ertzaina, etc?
Mi idea ha sido escribir una novela psicológica que redondeara y explicara las extrañas características de mi personaje, pues creo que era algo que debía, por un pacto tácito, al lector fiel de mis anteriores novelas. A pesar de lo dicho, creo que también puede interesar al que inicie la saga por esta novela.
Por otro lado, visto el resultado, creo que también hay algo de lo que dices en la primera parte de tu pregunta, pues observo que Itziar, el predominante punto de vista en mis novelas, también sufre una evolución que la aproxima a la forma de ser de Arantza. Y el resultado de esa evolución en Itziar, mi alter ego, cuando vuelvo la vista atrás, me gusta. Creo que se ha convertido en un personaje más interesante al final del camino.

¿Esto es una novela paisajística sobre las tierras altas de Guipúzcoa heredera de los grandes narradores arraigados vascos de nuestro tiempo como Atxaga y Kirmen Uribe?
Creo que el Goierri que surge en mi novela, y eso ha sido una sorpresa agradable para mí, es un territorio distinto al Goierri puramente realista, lo que quizás me posibilite su empleo en futuras novelas, como un territorio propio, que me permita desarrollar mis “ocurrencias” en una región ficticia cómoda para mí, ya que me permite alejarme, tanto histórica como geográficamente, del “dato exacto”, permitiéndome narraciones más libres. Estoy de acuerdo en que eso hacen los autores que has mencionado, y es una de las características que me gusta de ellos.

¿Esto es una novela filosófica sobre el anarquismo utópico y sobre como este, con la práctica, puede convertirse en una secta conformada por autistas y comandada por iluminados?
No me atrevería a decir que mi novela es filosófica, pero sí es verdad que recoge alguna de mis inquietudes relacionadas con la perversión, bastante común, de los proyectos utópicos. En este caso se ve claro que lo que comienza como una comunidad anarquista que puede resultar atractiva a jóvenes ilustrados e idealistas, se acaba transformando, sin que haya un único culpable, en una secta repulsiva.

¿Esto es una novela política actualísima sobre la raíz sesentera, utópica, indignada, radical y con una vena anarquista de los movimientos del 15-M donde tú como autor no te ahorras una crítica a lo pragmáticos que han acabado siendo los indignados de nuestros días frente a lo utópicos que debieran de haber seguido siendo?
También en esto me has adivinado la intención. Creo que el movimiento 15-M, que tantas esperanzas generó, ha desaparecido a lo largo de un proceso plagado de errores, personalismos y manipulaciones, hasta llegar a un puro tacticismo. Creo que ello estaba ya en el origen, por la admiración de muchos de sus líderes por el leninismo. En mi novela propongo otro proyecto, de cuño más idealista, pero, como se observa en la novela, tampoco soy nada optimista sobre la evolución de dichos proyectos. Pero no quiero que se me interprete mal. Creo que los políticos son necesarios, y si a veces lo hacen muy mal, es sobre todo por la dificultad de su tarea.

Teniendo en cuenta la riqueza de elementos compositivos, ¿si dejamos de lado la intriga del líder anarquista Ernesto Compson que se narra también en estas páginas, seguro que esto es una novela negra?
Tras cinco años escuchando a muchos sabios y a otros menos sabios, he renunciado a entender cuáles son las características irrenunciables del género negro. Si Erein me ha publicado en su colección de novela negra será porque algo queda de ello, aunque estoy de acuerdo en que es, de mis novelas, la que más se aleja del género, aunque no dudo que la generosidad de la organización de los festivales de novela negra primará sobre estas dudas y seré recibido con la amabilidad con que siempre nos han recibido a los vascos.