29/03/2020  
  EL COMERCIO (Leticia Sánchez Ruiz)  
  Empezamos a leer 'Café Jazz el Destripador', estamos en 1957, Miles Davis ha cumplido más sueños que años, se ha enganchado a las drogas que robó a sus amigos, ha empeñado su trompeta, se ha metido a chulo de mujeres y hasta lo han arrestado. Su padre considera necesario sacarle el diablo de dentro, y este demonio cree que tiene el nombre de la heroína y de Charlie Parker, un negro que vive en las tinieblas y toca el saxofón como quien se abre paso a tiros. Así que, al igual que cuando Miles era niño tuvo que llamar a un angiólogo de Illinois para que convenciera a su hijo de que dejara de hablar en la cocina con el fantasma de su abuelo asesinado por el Ku Klux Klan, el señor Davis llama a un exorcista, gran amigo de Martin Luther King. En la casa de sus padres en St. Louis City, un entorno rodeado de prados que podría servir como estampa para una caja de galletas, un babeante y desquiciado Miles Davis será exorcizado por el reverendo James, en un proceso que permite al paciente ver y narrar la historia del alma anterior a sí mismo. Y el alma anterior de Davis no es una cualquiera: se trata de la de Charles Baudelaire. Poeta maldito, dandi convencido, cuya misión era descifrar las pequeñas cosas que representan las grandes cosas y hacerlas accesibles al mundo, y que se paseaba por el París del siglo XIX de tertulia en tertulia, de absenta en absenta y de cama en cama. Así, entre Harlem y las tabernas libertinas de Montparnasse, comenzaremos a ver la doble vida que ha llevado esta alma. Principalmente, la de Miles Davis, el hijo de un dentista acomodado que llegó a Nueva York en los años 40 para estudiar música clásica, y pasaba las noches tocando jazz en los clubs construidos durante la ley seca que parecían acogedoras madrigueras camufladas, junto a Dizzie Gillespie y Freddie Jones, pero, sobre todo, junto a su mentor, amigo y Némesis, el gran Charlie Parker; ambos monstruosamente drogadictos, egoístas y geniales. Aunque también hay en juego una tercera alma, la de una mujer. Y con ella el misterio está servido.

Luis Artigue, que proclamó a voz en grito que la novela será híbrida o no será, que ganó el año pasado el premio Celsius con la fantástica y neurótica 'Donde siempre es medianoche' y en 2013 el Miguel Delibes con 'Club La Sorbona', llega ahora con 'Café Jazz el Destripador', esta biografía pulp y muy documentada de Miles Davis, en que la que los demonios reales se entretejen con los ficticios. Editada exquisitamente por Pez de Plata y con las ilustraciones de Ángel de la Calle, director de la Semana Negra y colaborador de este periódico bajo el pseudónimo de Adela C., Artigue nos hipnotiza (y esta es la palabra exacta) con una novela fascinante y brutal sobre el mal, la música y las personas que no han nacido para ser felices, sino para ser grandes.