31/03/2020  
  ABC (José María Merino)  
  Esta mañana apareció soleada, frente a las lluvias de los últimos días. Consulté en Google las cifras de la pandemia: casi cincuenta mil afectados en toda España de los cuales más de 14.500 están en Madrid, donde resido. El número de fallecidos en España ha sido hasta ahora de 3.434 -el segundo país del mundo- y en Madrid supera los 1.800, la cifra más alta, con mucho, de todas las comunidades autónomas. Estamos a miércoles 25 de marzo y el día en que se publique este suplemento esos datos se habrán quedado muy viejos.

Vista desde las ventanas, la descarnada soledad urbana no es nada grata: en el extremo de la calle, por la plaza solitaria pasa un autobús vacío. Algún bulto humano se divisa con aire huidizo, y en la esquina aparece una mujer que lleva un perro sujeto de una larga correa y camina con rapidez. El aspecto de la ciudad sigue siendo desolador, pues la ausencia de seres vivos no ofrece aire cotidiano, sino funerario, como el que debían de tener las ciudades en las pestes clásicas.

La tarea de escribir
¿Cómo va a transcurrir la jornada en mi casa? Durante la mañana, mi principal tarea será escribir. Hace poco que he publicado un libro titulado A través del Quijote, que es un recorrido por las dos partes del Quijote auténtico y del de Avellaneda, desde una perspectiva de ficción, es decir, con estructura novelesca y plagado de cuentos, y como sigo escribiendo cuentos -ahora ya no quijotescos-, me meteré con alguno que me ha sugerido la siniestra plaga... Y en algún momento dejaré de escribir para ayudar a mi mujer, Mari Carmen, con la comida, que como los demás días, será sencilla pero con la aconsejable diversidad alimenticia y vitamínica... -gracias a todos los implicados en el proceso, desde los agricultores y los transportistas a los distribuidores y vendedores, elementos fundamentales en estos momentos tan desdichados-.


Vista desde las ventanas, la descarnada soledad urbana de Madrid no es nada grata
Luego veremos las noticias en la tele -yo me tomaré un chupito de güisqui, como de costumbre, que además creo que es bueno contra el coronavirus, aunque Mari Carmen lo dude- ... y luego, a leer para sobrellevar la tarde.

Leer y escuchar
Como hace días he hecho unas reseñas para la revista Zenda, algunos de los libros descritos en ellas me han sugerido ciertos recursos musicales y lectores. Por ejemplo, la novela de Luis Artigue Café Jazz El destripador, de la editorial Pez de Plata, cuyo nudo dramático más denso -que juega también con personajes literarios franceses del siglo XIX- está en los años de formación de Miles Davis y en su relación con Charlie Bird Parker, me ha hecho recordar mi antiguo gusto por el jazz, con lo que, como he venido haciendo días pasados, pondré música de los citados, así como de Duke Ellington, Count Basie, Nat King Cole y otros maestros del género...

Otra lectura que tengo muy reciente es la de Nosotras, el hombre, de la escritora norteamericana de origen español Lorea Wanstead Lluna (Eolas ediciones). Dentro del género distópico, plantea con eficacia y verosimilitud un mundo en el que solamente existen las mujeres y los hombres no son necesarios... En los momentos, también de aire distópico que estamos viviendo, en casa hemos vuelto a la lectura de la ciencia-ficción: primero las Fundaciones de Isaac Asimov, pero tenemos preparados también libros de Arthur C. Clarke, Philip K. Dick, Ursula Le Guinn o J. G. Ballard... Y hemos seleccionado para releer relatos sobre epidemias, naturalmente, a partir del cuento La máscara de la muerte roja, de Allan Poe, donde esa figura con cara de cadáver y revestida de un sudario sanguinolento tiene tanta fuerza.

Entre otros libros, tenemos a mano el apocalíptico La peste escarlata, de Jack London, y el vampírico Soy leyenda, de Richard Matheson,... Y también el angustioso Diario del año de la peste de Daniel Defoe, y Muerte en Venecia, de Thomas Mann, y el terrorífico La amenaza de Andrómeda, de Michael Crichton... Tal vez hasta nos dé tiempo a releer el Decamerón, de Giovanni Boccaccio, con esos diez jóvenes narradores protagonistas, siete mujeres y tres hombres, aislados por la peste en una villa cercana a Florencia...

Cuando anochezca volveremos a seguir las noticias en la tele. Y luego veremos alguna película o serie. El otro día tuvimos la sorpresa de reencontrar Los siete samuráis, mas con nuestra recuperación de la ficción científica, hemos visto con delectación alguna nueva serie de Star Trek y una interesante y ominosa titulada Cosas extrañas... Y pronto comenzaremos otra titulada Perdidos en el espacio...

Seis mil pasos
Recurrentemente recabamos o recibimos noticias de la situación familiar -felizmente todos siguen bien-, y no olvidamos el ejercicio. Yo recorro el piso en veinticinco sucesivos paseos tres veces al día -hoy ya lo he hecho una- desde nuestro dormitorio hasta el salón, en el otro extremo de la casa, haciendo unos seis mil trescientos pasos -más de tres mil quinientos metros diarios...-. Mari Carmen practica su yoga.

Pero por ahí anda el dichoso coronavirus, y según el resultado de las noticias no parece que debamos suponer que nos va a dejar pronto. Pensamos en los centros hospitalarios atestados; en la esforzada gente de la sanidad en riesgo -a la que aplaudimos a las ocho de la tarde desde la ventana, como es obligado-; en las fuerzas militares y de seguridad colaborando... Pensamos en los de nuestra edad en difícil situación, y en todos los que, por culpa del virus, lanzan el último suspiro, y en el dolor de las familias... y nos sentimos bastante consternados, la verdad.

Mas, como dice el proverbio sufí, «también esto pasará».